Al pie del faro

Comedia infantil en un acto y en verso

Pedro Jesús Solas

 

PERSONAJES

 
     
                     EL SEÑOR GIL, torrero.           
  COLÁS.  
  ARTURO.  
  RAMÓN.  

 



 

 

Acto único

          
 
 
     La escena representa una planicie en cuyo fondo álzase una casa al pie de un faro. A los lados, grandes peñas.  
La acción comienza al anochecer.  
Entiéndase por derecha e izquierda la del espectador.  
 
 

Escena I

 
 

COLÁS, cruzado de brazos, triste y pensativo, contempla el mar, mirando hacia la derecha.

 
 
COLÁS           ¡Ya anochece!... Ya la mar    
  se empieza a cubrir de sombras,    
  y vuelven hacia la tierra    
  con las barcas pescadoras,    
  rozando alegres las aguas, 5  
  las errabundas gaviotas.    
  La playa queda desierta:    
  tórnanse negras las rocas;    
  y las hirvientes espumas    
  reflejos de nácar toman 10  
  al deshacerse soberbias    
  contra la tierra las olas.    
  La mar y el cielo se juntan [4]    
  allá, a distancia remota,    
  y las tinieblas avanzan 15  
  y todo límite borran.    
  ¡Un día más!... -Otro día    
  de tristes y eternas horas,    
  sin que mi padre querido    
  vuelva a calmar mi zozobra.- 20  
  ¿Qué será de él, Virgen Santa?...    
  ¿Por qué su barca como otras,    
  no surge del horizonte,    
  y hacia la playa retorna,    
  sabiendo que yo le aguardo 25  
  de temor en alma loca?...    
  ¿Dónde está de nuestra barca    
  la blanca vela de lona?...    
  Ya vuelven los pescadores    
  del mar huyendo las sombras; 30  
  ya regresan a la playa    
  las errabundas gaviotas...    
  ¡Ay, padre del alma mía!    
  ¿Por qué tú también no tornas?...    
 

(Oculta el rostro entre ambas manos, y finge sollozar. Sale de la casa el SEÑOR GIL, y antes de dirigirse a COLÁS le contempla en silencio.)

 
 
 

Escena II

 
 

COLÁS y GIL.

 
 
GIL (Aparte.) ¡Pobre chico! En vano espera, 35  
  mas no lo sabrá jamás    
  de mis labios. -¡Eh, Colás!    
  (Llamándole.)    
COLÁS ¡Señor Gil!    
GIL                    ¡Oye! Quisiera    
  que me esperases aquí    
  en tanto que vuelvo yo. 40  
  ¿Vas a ir a la villa? [5]    
COLÁS                                 No.    
GIL ¿Quieres esperarme?    
COLÁS                                    Sí.    
GIL El farol queda encendido;    
  y aunque no pienso tardar,    
  no obstante, habrás de cuidar 45  
  no se apague, que un descuido    
  ¡puede costar muchas vidas!    
COLÁS Ya de aquí no me separo.    
GIL ¡Ve que si se apaga el faro    
  las naves que estén perdidas 50  
  no acertarán a volver!    
COLÁS Se puede usted ir tranquilo,    
  que yo desde aquí vigilo    
  y no hay nada que temer.    
GIL Voy a la villa, corriendo, 55  
  a ver si el médico puede    
  venir.    
COLÁS            ¡Él!... Pues ¿qué sucede?    
GIL ¡Que mi hijo se está muriendo!...    
COLÁS ¡No se detenga usted más!    
  ¡Corra usted! Yo quedo aquí. 60  
GIL Me voy, confiando en ti...    
  ¡Dios te lo pague, Colás!    
  (Vase por la izquierda.)    
 
 

Escena III

 
 

COLÁS; luego RAMÓN y ARTURO que salen por la derecha, sin reparar en el primero.

 
 
COLÁS (Mirando al cielo.)    
  Ya fulguran las estrellas    
  en la bóveda del cielo    
  y los rayos de la luna 65  
  alumbran el mar inmenso.    
  ¡Cuán mansamente las olas    
  en la playa van rompiendo [6]    
  al compás de ese murmullo    
  dulce, del alma embeleso!... 70  
RAMÓN (A ARTURO.)    
  ¡Qué subida tan penosa!    
ARTURO ¡Ay, Ramón! ¡Yo vengo muerto!    
RAMÓN Descansemos un instante.    
ARTURO ¡Qué tontería hemos hecho!    
RAMÓN ¿Por qué?    
ARTURO                  ¡Te parece poco! 75  
  En vez de dar un paseo    
  por la playa o por el muelle,    
  como otras tardes hacemos,    
  ir a asaltar ese bote    
  no estando presente el dueño, 80  
  y sin más ni más, lanzarnos    
  impávidos mar adentro...    
RAMÓN ¡Ya has visto con qué soltura    
  manejábamos los remos!    
ARTURO ¡Al principio!... Que después... 85  
RAMÓN El mar ha sido el barquero    
  echándonos hacia tierra.    
ARTURO ¡Pero no ha sido sin riesgo!    
  que en poco más nos estrella    
  contra las rocas.    
RAMÓN                            ¡El hecho 90  
  es que ya estamos en salvo!    
ARTURO Pero... del bote ¿qué hacemos?    
RAMÓN Dejarle donde se encuentra.    
  ¡Ya le buscará su dueño!    
ARTURO El caso es que el oleaje 95  
  le hará añicos por completo    
  contra las peñas.    
RAMÓN                             ¡Que le haga!    
ARTURO ¡Eso está mal! Su dinero    
  al patrón le habrá costado.    
RAMÓN Bien, pues... que compre otro nuevo. 100  
ARTURO ¿Y si no tiene recursos?    
RAMÓN Si no los tiene... ¡lo siento    
  por él!    
ARTURO             ¡Hombre, ten presente [7]    
  que en broma o no, no hay derecho    
  para despojar a nadie 105  
  de lo suyo!    
RAMÓN                    ¿Y qué remedio?...    
ARTURO Que hay que evitar que se pierda    
  esa embarcación.    
RAMÓN                              ¡No acierto    
  cómo!    
ARTURO             La playa está próxima,    
  y sin emplear esfuerzos 110  
  grandes, podremos el bote    
  llevar adonde, a lo menos,    
  no se estrelle.    
RAMÓN                        ¿Yo embarcarme    
  otra vez?... ¡Ca! ¡Vade retro!    
  ¡Hágase cien mil pedazos, 115  
  que lo que es yo, tengo miedo    
  a ser pasto de los peces!...    
  ¡Bastantes apuros hemos    
  pasado!...    
ARTURO                  ¡Si nos han visto,    
  puede ser un lance serio! 120  
RAMÓN Con que neguemos nosotros...    
  En fin, dejémonos de eso,    
  y veamos el camino    
  para volver pronto al pueblo.    
  Ya nos estarán buscando 125  
  nuestras familias, y...    
 

(Sepárase de ARTURO y busca el camino de que habla, escudriñando en todos sentidos.)

 
 
ARTURO                                       ¡Temo    
  que nos va a costar muy cara    
  la locura que hemos hecho!...    
COLÁS (Aparte.) ¡Si el señor Gil estuviese!...    
ARTURO (Aparte.) Y como llegue a saberlo 130  
  mi papá...    
RAMÓN (Reuniéndose a ARTURO.)    
                    ¡Estamos lucidos!    
  ¡No hay salida! Allá, a lo lejos,    
  se ve gente con antorchas [8]    
  que va y viene por el puerto    
  como si buscase algo... 135  
ARTURO Hay que bajar al momento.    
RAMÓN ¡No sé cómo! La marea    
  está sin cesar subiendo,    
  y ya ha anegado el camino    
  que une a la tierra este cerro 140  
  convirtiéndole en islote    
  cada instante más pequeño.    
ARTURO Es decir que...    
RAMÓN                          Hasta mañana,    
  forzosamente tenemos    
  que estar aquí. ¡No hay escape! 145  
ARTURO ¡Ay, Dios mío!... ¡Qué tormento!    
  Vamos a buscar el bote.    
RAMÓN ¿Sí? ¡Mírale mar adentro!    
  (Indicando.)    
ARTURO Hemos hecho un disparate.    
  ¿Sabes nadar?    
RAMÓN                         ¡Como el hierro! 150  
ARTURO ¡Qué conflicto! ¡Qué conflicto!...    
  Pero, Ramón, ¿estás cierto    
  de que no hay escape?    
RAMÓN (Indicando alrededor.)    
                                       ¡Mira!    
  Nos hemos quedado en medio    
  del agua, como besugos, 155  
  igual.    
ARTURO            ¡Buena la hemos hecho!    
  Mi mamá estará, la pobre,    
  llorándome, sin consuelo,    
  como si me estuviera ahogando...    
RAMÓN Y ahogado estás... pero, en seco. 160  
ARTURO Mi papá, en cuanto me vea,    
  me va a poner, como nuevo.    
RAMÓN Si es que no coge una estaca...    
  ¡Que eso es lo que yo me temo    
  que haga el mío!    
ARTURO                             Y si recobran 165  
  el bote, (si alguien a vernos    
  acertó) no tendrán duda [9]    
  de que naufragado hemos.    
RAMÓN ¡En fin, que de todos modos    
  se va a armar el gran jaleo! 170  
  Y que esta noche la vamos    
  a pasar en pie derecho,    
  si es que no nos da refugio    
  hospitalario el torrero.    
ARTURO ¡Oh! ¡Si él pudiera salvarnos... 175  
  ¡Acompáñame! Probemos...    
 

(Van a dirigirse hacia el fondo, mas se detienen al oír a COLÁS.)

 
 
COLÁS ¡Es inútil, señoritos!    
RAMÓN ¡Diablo! (Demostrando temor.)    
ARTURO (Volviéndose.)    
                 ¿Quién habla?    
RAMÓN                                        ¡Es un eco!    
COLÁS He oído cuanto han hablado,    
  y acaso hallara el remedio 180  
  que precisan, si pudiese    
  alejarme de este cerro;    
  porque la marea empieza    
  a subir, y sin gran riesgo    
  se puede llegar, andando 185  
  por ciertos sitios, al centro    
  de la altura donde acaba    
  la cuesta del faro. Pero...    
RAMÓN ¿Y no lo haces?    
COLÁS                            ¡Imposible!    
ARTURO ¡No lo dejes por el precio! 190  
COLÁS ¡Yo no soy interesado!    
  (Con altivez.)    
  Lo haría; pero, no puedo.    
RAMÓN ¿Por qué?    
COLÁS (Va a indicar el faro, para justificar la imposibilidad, mas repara que no arde la luz, y cambia de tono.)  
                   Porque... ¡Ay, Dios! ¡No arde    
  el farol!...    
ARTURO                  ¡Explica!...    
COLÁS (Corriendo hacia el faro.)    
                                       ¡Luego!    
  (Vase por el fondo.) [10]    
 
 

Escena IV

 
 

RAMÓN y ARTURO.

 
 
ARTURO ¿Se burla?    
RAMÓN                   No sé qué pasa 195  
  para correr de tal suerte.    
  ¡Vamos a buscarle!    
  (Hace ademán de ir.)    
ARTURO (Deteniéndole.)       ¡Advierte    
  que es un sagrado esa casa!    
RAMÓN ¿Y hemos de esperar su vuelta    
  para marcharnos de aquí? 200  
ARTURO ¡Naturalmente que sí!    
RAMÓN ¡O no! Ya verás.    
  (Va a dirigirse hacia el faro.)    
ARTURO (Deteniéndole.)   ¡Ven!    
RAMÓN (Forcejeando.)                ¡Suelta!    
ARTURO ¡Obra alguna vez con calma!    
  ¡Ya ves por ti cómo estamos!    
RAMÓN Pues, mira que si esperamos 205  
  a que se le mueva el alma...    
  La marea subirá;    
  no habrá salvación posible;    
  y luego, lo más sensible,    
  será el ver a tu papá. 210  
  Puesto que él llevarnos puede,    
  según él mismo ha expresado,    
  que nos lleve de buen grado,    
  o por fuerza, si no accede.    
  Pero, esto, sin dilación: 215  
  ¡Cada minuto que pasa,    
  es un siglo en nuestra casa    
  de mortal tribulación!    
ARTURO Ofrezcámosle dinero.    
RAMÓN ¡Si no lo quiere aceptar! 220  
ARTURO ¡Como lo vea brillar    
  ya verás si anda ligero!    
RAMÓN Y si no, pues somos dos, [11]    
  le obligamos a que ceda,    
  suceda lo que suceda. 225  
ARTURO ¡Ve de la razón en pos,    
  sin hacer de fuerte alarde!    
  Más con el ruego se alcanza...    
RAMÓN Sí, pero, la noche avanza,    
  y acaso luego sea tarde 230  
  para salvar la marea.    
ARTURO ¡Esperemos algo más,    
  Ramón!    
RAMÓN               ¡Tanto esperarás,    
  que harás que imposible sea    
  el recurso que tenemos! 235  
ARTURO Si tarda más, le llamamos.    
RAMÓN ¡Yo no espero ya!    
ARTURO (Cediendo.)           Pues, vamos.    
 

(Van a dirigirse hacia el foro a tiempo que aparece COLÁS en la puerta de la casa.)

 
 
RAMÓN Él vuelve sin que llamemos.    
 
 

Escena V

 
 

Dichos y COLÁS.

 
 
ARTURO (A COLÁS.) ¡Oye, ven! Tú nos has dicho    
  que acaso remedio hallases 240  
  para llevarnos a tierra    
  si pudieras alejarte    
  de este sitio.    
COLÁS                      ¡Con efecto!    
ARTURO Pues, atiende. Nuestros padres    
  desconocen nuestra suerte; 245  
  su ansiedad debe ser grande,    
  y será mayor su angustia    
  cuanto más tiempo se tarde    
  en vernos al lado suyo.    
  ¿Por qué, pues, no satisfaces 250  
  nuestro anhelo, acompañándonos [12]    
  hasta esos sitios que sabes    
  conducen a tierra? ¿Quieres    
  dinero? ¿Tienes bastante?    
  (Mostrándole el dinero que lleva.)    
COLÁS (Rechazándolo con noble altivez.)    
  Los favores no se cobran: 255  
  si pueden hacerse, se hacen    
  desinteresadamente.    
  Favores hay que, son tales,    
  que todo el oro del mundo    
  para pagarlos no vale. 260  
RAMÓN Entonces...    
COLÁS                    Pero no puedo    
  de este lugar alejarme,    
  porque media una promesa    
  a que nada hará que falte.    
  Tal vez dentro de un momento 265  
  quede libre.    
RAMÓN (Airado.)      Cuando nadie    
  pueda salvar la marea    
  que nos aísla por instantes.    
COLÁS Sé nadar, y al otro lado    
  hay lanchas a centenares. 270  
RAMÓN (Ídem.) ¡Bastante hacemos con eso!    
ARTURO Y ahora, di, ¿por qué no lo haces?    
  Nadie tu falta sabría...    
COLÁS ¡Que yo lo sepa es bastante!    
  Cuatro días ha que, al alba, 275  
  hízose a la mar mi padre,    
  y todos los pescadores    
  han regresado a sus lares,    
  sin que noticias me traigan    
  de quien con ellos comparte 280  
  las fatigas y peligros    
  los goces y los pesares.    
  Ninguno ha visto su barca;    
  dónde está, ninguno sabe.    
  Pues bien. Yo me hubiese muerto 285  
  de dolor, de frío y de hambre, [13]    
  sin la ayuda generosa    
  de un hombre que se complace    
  en dar consuelos al triste    
  y asilo al que vaya errante, 290  
  porque todo lo que tiene    
  está a merced de los mares.    
  Hoy ese hombre, que es esclavo    
  del deber, y también padre,    
  ve que se muere su hijo 295  
  si no le busca anhelante    
  los auxilios de la ciencia;    
  Y si va a buscarlos, sabe    
  que ha de abandonar su puesto    
  siquiera sea un instante, 300  
  y el abandono supone    
  tantos riesgos, y tan graves,    
  que el pan suyo y el de su hijo    
  peligra. En tan fuerte trance,    
  mi gratitud me encadena 305  
  y me obliga a que le pague    
  tanto bien como le debo.    
  Por eso no he de alejarme    
  hasta tanto que él retorne,    
  tarde mucho, o poco tarde. 310  
  ¿No es suficiente motivo    
  para que por nada falte    
  a mi bienhechor?    
ARTURO (Aparte.)              ¡Es cierto!    
RAMÓN Total: que habrá que aguantarse    
  aquí, hasta que la marea, 315  
  que ahora empieza a subir, baje.    
COLÁS ¿Puedo hacer más que ofrecerme    
  para después?...    
RAMÓN                            ¡Sí! ¿Tú sabes    
  el camino? Pues, indícale    
  y nos iremos.    
COLÁS                        No es fácil 320  
  a obscuras, sin grave riesgo    
  de quien al azar se lance. [14]    
RAMÓN ¡Ea, pues, ven con nosotros,    
  y acabemos!    
  (Le coge por un brazo.)    
COLÁS (Con entereza.)    
                        ¡Todo, antes    
  que abandonar este sitio 325  
  donde he prometido estarme!    
RAMÓN ¡Arturo, que el tiempo vuela!    
  ¡Ayúdame! Hay que obligarle    
  a que baje con nosotros.    
ARTURO Ramón... (Vacilando.)    
RAMÓN (Con imperio.)    
                   ¡Cógele!    
COLÁS (Forcejeando.)        ¡Dejadme! 330  
RAMÓN ¡Has de venir a la fuerza!    
  (Empujándole hacia el fondo.)    
ARTURO ¡Oigo pasos!... Se acerca alguien.    
 
 

Escena VI

 
 

Dichos y GIL.

 
 
GIL (Sale por la izquierda.)    
  ¡Albricias, Colás! ¡Albricias!...    
  Mas... no estás solo... ¿qué es esto?    
  ¿Reñían contigo acaso? 335  
COLÁS ¡Oh, no! Me estaban pidiendo    
  que bajara a acompañarles.    
GIL ¿No conocen el terreno?    
COLÁS No, señor.    
ARTURO                   ¡Y urge vayamos    
  sin pérdida de momento 340  
  a nuestra casa!    
GIL                          Ahora mismo    
  pueden trasladarse al pueblo,    
  que abajo espera una barca.    
COLÁS ¿No acompaña a usted el médico?    
GIL No es menester. Le he contado 345  
  lo que ocurre a mi pequeño,    
  y él, como ya le conoce,    
  la tranquilidad me ha vuelto [15]    
  diciéndome: «¡No hay cuidado!    
  Mañana estará ya bueno». 350  
  Y me ha dado una receta    
  y traigo un medicamento.    
COLÁS ¡Lo celebro, señor Gil!    
GIL ¡Gracias, Colás! Siempre el cielo    
  da alivio a nuestras congojas 355  
  en los más tristes momentos.    
  También te traigo a ti albricias.    
COLÁS (Con ansiedad.)    
  ¿A mí?    
GIL              ¡Sí!    
COLÁS (Emocionado.)
                      Mi padre...    
GIL                                        Ha vuelto.    
  Dos días ha que creía    
  que habías quedado huérfano, 360  
  pues vi zozobrar un barco    
  pescador, allá, a lo lejos.    
  Pero no quise decírtelo    
  por no acrecentar tu duelo.    
  Mas ha poco que tu padre 365  
  ha llegado...    
COLÁS (Con alegría.)    
                        ¡Dios eterno!    
GIL Remolcando un botecillo    
  perdido...    
ARTURO (Aparte.) ¡Si será el nuestro!...    
GIL Que estaba al pie de este faro.    
RAMÓN ¡Nuestro bote del paseo! 370  
GIL (A COLÁS, indicando al faro.)    
  ¿Hubo novedad, Colás?    
COLÁS Una ráfaga de viento    
  ¡cómo es tan fuerte allí arriba!    
  Encontró un cristal abierto    
  y mató la luz de un soplo. 375  
  Pero subí yo ligero    
  cerré el cristal, y encendí    
  el farol en un momento.    
GIL ¡Dios te lo pague, hijo mío!    
COLÁS (A RAMÓN y a ARTURO.) [16]    
  Ahora, si gustan, podemos 380  
  bajar, pues tenemos barca    
  para ir hasta...    
RAMÓN (Interrumpiendo.)    
                           ¡Vamos presto!    
ARTURO El no mostrarte enojado    
  con nosotros, por lo hecho    
  ha un instante, me demuestra 385  
  que eres, Colás, harto bueno    
  perdona si te ofendimos.    
RAMÓN ¡Es verdad!    
COLÁS (Con ingenuidad.)    
                      ¡Si no me acuerdo!    
ARTURO Un abrazo muy apretado    
  convierta el resentimiento 390  
  en amistad.    
COLÁS                     ¡Y con gusto!    
  (Se abrazan.)    
RAMÓN ¡Ven! ¡Otro abrazo cambiemos!...    
  Y vámonos a la barca,    
  que se va pasando el tiempo,    
  y temo que nos regalen 395  
  nuestros papás algo bueno.    
  (Se abrazan.)    
COLÁS Señor Gil... (Despidiéndose.)    
GIL (Abrazándole.) Al pie del faro    
  te espera tu padre.    
RAMÓN                                Pero,    
  antes de irnos, es preciso    
  que al auditorio roguemos. 400  
COLÁS (Al público.)    
  Un plauso para todos    
  si has quedado satisfecho.    
 

TELÓN

 

 

 

 

 

  

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